En resumen
La longevidad (lifespan) es el número total de años que vive una persona; los años de vida saludable (healthspan) son los años vividos con buena función física y mental, libres de enfermedad grave o discapacidad relevante.
Es posible vivir muchos años y, aun así, pasar buena parte de ellos con enfermedad crónica, dolor o dependencia. La distinción entre ambos conceptos importa porque un tratamiento podría, en teoría, alargar la vida sin mejorar su calidad, o al contrario, mejorar la función durante los años ya vividos sin cambiar el número total de años.
La mayoría de la investigación seria en medicina de longevidad se plantea hoy como objetivo principal comprimir la morbilidad: reducir el número de años que una persona pasa enferma o dependiente antes de morir, un concepto propuesto por el médico James Fries a finales de los años setenta, más que perseguir únicamente vivir más años a cualquier coste.
Cuando se evalúa cualquier intervención de longevidad conviene preguntarse a cuál de los dos objetivos apunta la evidencia disponible: casi toda la evidencia humana actual habla de biomarcadores o de función (relacionados con el healthspan), mientras que la evidencia directa de extensión de la longevidad en sí sigue proviniendo, en su inmensa mayoría, de estudios en animales.